EL TREN BUSCA TESOROS

A finales del 2017 fue cuando vi por primera vez al “Tren busca tesoros”, sé que se llama así porque me lo dijo Juancho, quien es básicamente el capitán, el que va en la punta señalando los destinos, anunciando las paradas y el que está alerta ante cualquier obstáculo en el camino. Su padre está encargado de manejar, dedica toda su fuerza para hacer posible el movimiento de aquel vehículo.

Al principio me sorprendí muchísimo, vi al tren cuando salía de casa y volteé a mi alrededor, notando como la gente simplemente ignoraba aquel espectáculo. Me pregunté: ¿Habremos perdido tanto así nuestra capacidad de asombro?, Sentía que aquello debía contarlo. Mi parte periodística emergió, surgiendo la necesidad de una entrevista a aquellos dos viajeros, y a pesar de que sentía un poco de vergüenza, me acomodé mi carnet para suavizar ese primer contacto.

Al saludarlos, recibí su saludo de vuelta, sin embargo a penas tuve atención del papá de Juancho, ni me miró, solo estaba concentrado buscando los tesoros. Les conté a qué me dedicaba y que vivía ahí cerca. Juancho fue el único que me dijo su nombre y quien me habló, es bastante locuaz y tiene una proyección de voz como para hablar con él a una cuadra de distancia.

Por otro lado, su padre es una persona muy reservada, totalmente opuesto a su hijo. Creo que a penas pude escuchar su voz, y no fue para hablar con alguien, sino para maldecir, hablando solo. Tiene la cara triste, de derrotado, de cansado y de molesto también. Trabaja sin parar, inspecciona todo minuciosamente, utilizando todos sus sentidos observando, oliendo, probando, moviendo y escuchando, seleccionando tesoros y descartando el resto.

Juancho me dijo que ese era el “Tren busca tesoros” el cual es el más rápido del mundo. Cuenta con un millón de caballos de fuerza, con la capacidad de almacenar toneladas, ya que no solo llevan la carga a su hogar en donde esperan su madre y cuatro hermanos más, sino a los vecinos de su comunidad.

El capitán del tren dice que ellos son los hombres de la casa y por eso, todos los días deben salir a buscar los tesoros. Lo principal es la comida, no obstante, en ocasiones encuentran juguetes, prendas y otras cosas maravillosas que aún conservan. Es a esto a lo que ellos dedican su tiempo, y no hay otra opción, deben ser constantes y responsables, saliendo antes de que salga el sol y llegando después de que ya se ha ocultado, raras veces ven su casa a la luz del día.

Aquella mañana que iba saliendo de casa y me acerqué a Juancho y a su padre, no tenía idea que escribiría acerca del “Tren busca tesoros”; y yo que pensaba que escribiría acerca de cómo un niño que debería estar estudiando, acompañaba a su padre montado en un carro de supermercado, yendo por toda la ciudad, hurgando entre la basura.

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